viernes, 4 de julio de 2014

Cimientos de la nada.

Me pregunto qué harás cuando me vaya, qué haces cuando me voy o simplemente qué harías si yo no estuviera aqui.
A veces escucho las voces del pasado en mi cabeza susurrándome bajito y despacito que nada es lo que parece, que la gente no perdona y el tiempo tampoco.
Echo de menos lo que nunca llegó a ser, lo que las malas decisiones y el alcohol en exceso nos hicieron decaer...
¿Por qué la gente no se toma en serio sus citas? Carpe Diem me dijeron una vez, Hakuna Matata otra y a veces, simplemente era mejor quedarse encerrado en uno mismo.
Suelo quedarme parada frente a una ventana, observando lo que hay a través de ella, como los ojos de las personas, los espejos del alma, las mentiras escondidas tras las lentes de la cara...
Y a fin de cuentas, nunca se ve nada.
No llego a observar el fondo, solo veo superficie,siempre sonrisa pero no sus motivos, color de ojos pero nunca su brillo, metros de tela fina pero sin llegar a tocar el corazón que alberga bajo ella...
Y es que somos fachada, una montaña de mentiras, de falso interés, de palabras entrelazadas para convencer al mundo y nunca a nosotros mismos.
Vivimos para dejar huella y mientras tanto perdemos la dignidad en ella.
El daño que puede hacer un "click" cuando se trata de amor a distancia, y el daño que puede hacer un "Adiós" cuando de amistad se trata.
Somos simples, vacíos y aún así, nos creemos más brillantes que cualquier estrella.
Sus zapatos, sus etiquetas marcadas por un estatus social, y el corazón lleno de telarañas.
Amar y dejarse amar siempre es bonito, pero por alguien que realmente aprecie tus virtudes y acepte tus defectos, no por alguien que simplemente por los centímetros de tu pelo, se crea con derecho a juzgar lo que eres o dejas de ser.
Si la vida son dos días, no voy a perder ni un segundo más en echar de menos y voy a invertir el tiempo, en echarme a mi de más.