Qué plácida eres vida, tortuosa como las catacumbas de una iglesia en ruinas, eres tan insólita que parece que nunca dejarás de hacer el mal aunque tengas dos caras, que el abismo que creas cada vez que dos personas se distancian puede llegar a ser mayoritariamente maléfico, pero en el fondo, no tienes corazón.
Insinúas quererme, me arropas en tus brazos como si fuese tu propio retoño, pero en realidad no eres más que una farsante, una nauseabunda criatura que intenta aniquilar sus bondadosos pensamientos en mi entorpecido camino.
Puede que no sea tal cual he sido siempre, puede que hacerme daño ya no duela tanto, puede que el daño cerebral supere al físico, puede que las distancias ya no sean tan obstaculizantes como antes, puede que las personas nos dejemos guiar por las falsas esperanzas y que ya no seamos quién para decir, yo sirvo para forjar mi porvenir y nadie va a decirme lo contrario.
Grita, gritemos, ¿Por qué dejamos que la angustia deje que termine aquí nuestro largo tormento? Lo divertido que es sufrir por amor, que las dudas cabalguen por tus ideas como si fuesen nubes desprendidas del mismísimo cielo.
Me gusta adornar mi vida cómo si fuese un paralelismo hecho a mi medida, cómo una pieza de fruta creada para ser mordida por mi, para transmitir veneno a través de la sangre, de generaciones, de consecuencias a montones..
Hay tantas cosas en la vida que te hacen sentir cosas, ¿Has probado algo adverso? Es tan atractivo..
Los sentimientos cómo las voces de los muertos, tan sólo susurros, ínfimos sonidos dentro de nuestro cuerpo, pero con una intensidad de otro planeta.
ADMÍTELO, ¡ESTABAS DESEANDO UNA SALIDA A TODO ESTO!
Y dejemos los besos modestos para otro momento.





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