miércoles, 17 de octubre de 2012

Para hacer un viaje en el tiempo, narrar una historia, vivir lo que nadie ha logrado vivir, hay que planearlo todo al detalle, comencemos.





















Aún recuerdo aquella noche de Otoño, de aquel diecisiete, de algún mes, de no recuerdo bien el año en que estábamos.
Sólo sé que tu belleza era notable en aquel gélido lugar, tu blanquecina piel me daba escalofríos y procedí a cogerte de la mano, aquella que se resguardaba bajo la manga de un chaquetón negro.
Aquella manía tuya de colocarte el pelo por detrás de la oreja y de esbozar una sonrisa cada vez que abro la boca, ¿Te resulto graciosa? —Decía para mis adentros.
Hacía unas horas que me había plantado en aquel paraje, curioso paraje, de bosques kilométricos y árboles que parecían tocar el cielo con sus profundas raíces, era hermoso, ciertamente nada de lo que me habías dicho era para exagerar.
Cabizbajo jugabas con tus dedos y te dí las gracias por ignorarme.  
¡No te ignoro! —Me respondiste indignado.
Más yo leía en tus ojos que algo en ti suponía esa grave falta de alegría en tu rostro, procedí a acariciarte las mejillas con suavidad y a expandir mis comisuras por todo mi rostro, el cual no era muy extenso, pero aún así un 70% de mi rostro era eso, comisuras, sonrisa, tu sonrisa.
Eres la gracia de este sitio, parece que está muerto y tú con una de esas sonrisas haces brotar hasta la más caída flor. —Con desgana intenté invocar a tu espíritu de la pasión, lo cual en vano, desató a tu espíritu de la desesperación.
Aún pasadas las horas no era capaz a lograr entender qué mal era lo suficientemente potente como para tenerte en vela y más aún, a mi...
Preocupada me dí media vuelta hacia la habitación, me encerré y me metí en la cama, desolada y sin ganas de regresar al mundo que pertenezco.
Eras tan astuto que sabrías cada uno de mis movimientos, me tenías ganada, era obvio que sabrías que me deprimiría a la primera de cambio.
Me pillaste de espaldas en la cama y me enganchaste por debajo de las axilas hasta hacerme llorar de la risa.
¿De veras te lo has creído todo, pedazo de boba?  —Entre risas me susurrabas al oído con una mano apoyada sobre la mejilla.
Pues claro que sí, era demasiado real, no sabía qué hacer, no soporto verte así, eres mi debilidad, la única que tengo, no puedes hacérmelo pasar así de mal, no puedes...  —Con esmero me secaba las lágrimas de los párpados. 
Encima que vienes a verme desde el quinto pino, y con las ganas que tenía yo de verte, ¿Crees que sería capaz de darte un trato de esa magnitud? Qué poco me conoces, Tania.  —Te jartabas de mi inocencia.
Me habías hecho pasar un mal trago, pero no obstante eras mi ángel, y aunque todo fuera por darme "Esa sorpresa que yo jamás hubiera imaginado", no podrías haberme dado mejor sorpresa que aquella sonrisa, aquella noche de otoño, de aquel diecisiete, de algún mes, de no recuerdo bien el año en que estábamos, pero quería quedarme contigo para siempre".

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