¿Por qué tanta imposición para crear las mujeres perfectas?¿Por qué no hay más reivindicación para crear una sociedad donde la variedad de mujeres sea la auténtica belleza personalizada?
Una mujer alta, delgada, jorobada y esquelética no es menos que una mujer baja, regordeta, con mucho pecho y curvas mortales, simplemente son mujeres que han nacido con diferente imagen, pero están hechas de la misma materia y pueden hacerte sentir exactamente lo mismo. Aunque el caparazón cambie, la persona está ahí.
Estoy muy cansada de ver cómo los hombres siguen haciéndonos creer que estamos hechas para ellos, que no tenemos mucho dónde elegir si queremos un hombre a nuestro lado.
Hubo una ocasión, quizá la única ocasión en la que me enamoré de verdad de un chico, que hizo que empezase a perder esa pretensión en encontrar un amor para mi...
Era un chico alto, sonriente, simpático, con labia, payaso como cualquier otro chico de dieciséis años que se precie, y tenía algo que los demás no podían tener, me tenía a mi comiendo de su mano.
Un día decidí hacer algo radical en mi vida y quise comenzar por mi pelo, tenía una larguísima melena morena que me llegaba casi por la cintura y que me encantaba, pero me volvía loca el pelo corto y me vi en la situación de poder cometer aquella locura. Al día siguiente de hacerlo estaba encantada, había quedado de nuevo con él y sentía la emoción del día a día a su lado, pero tras una tarde más llena de besos y caricias, noté que aquello que habíamos creado entre los dos se desvanecía...
Al principio creí que era culpa mía, que algo había dicho mal o que simplemente había descubierto algo de mi que no le gustaba un pelo, pero me equivocaba. El mismo chico del que me había enamorado perdidamente, prefirió pasar ese verano con una amiga mía que tenía una melena tan larga como la que yo me había cortado días antes. Hoy día todavía me pregunto cómo un trozo de pelo puede afectar tanto en la decisión de un hombre para pasar el resto de su tiempo contigo.
En algunos delirios creí que sería una estupidez, no dejaba de ser pelo, pero hasta años después, no descubrí la verdadera importancia del físico para la vida diaria.
Pasados los años, yo ya con dieciocho, me había tatuado las iniciales de mis padres en el pecho.
Me las tatué en las clavículas porque consideré que es la zona más próxima entre el cerebro y el corazón, los dos órganos que nuestros padres nos ayudan a equilibrar desde pequeños.
Una rosa para cada uno, que metafóricamente hablando representan una promesa, como el amor de un padre, una flor puede llegar a marchitarse, pero nunca por completo, algo realmente importante como es el amor que yo siento por mis padres, siempre termina floreciendo de nuevo.
Dio la casualidad de que en aquella época teníamos amigos en común y ese chico tuvo la cortesía de preguntarme qué me había tatuado, pero no por el interés de saber por qué me lo había hecho y por qué en esa zona de mi cuerpo tan extraña, sino por el morbo de saber que llevaba tinta en la piel, de tener la esperanza de poder acostarse conmigo estando tatuada, aunque yo sé que para él hubiera sido mejor algo más sexy como una calavera mexicana o una muñeca con un animal sobre su cabeza.
Aunque os parezca increíble eso me dolió en el alma, que te lleguen a juzgar de tal forma que sólo valgas por lo que tienes y no por lo que eres, aunque seas una grandísima persona.
Y gracias a personas como él, las mujeres cada día nos queremos menos y nos regalamos más, pero por suerte aún quedamos un puñado de ellas que no estamos dispuestas a ponernos de rodillas ante un cánon o unas exigencias respecto a los hombres.
Por estas cosas quiero que entendáis por qué le tengo tanta hostilidad hacia las chicas que no se quieren una mierda y se regalan a los tíos como quien regala una carta de amor, gracias a vosotras y las pedradas en la cabeza de algunos idiotas, ya no existe el amor.
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