jueves, 26 de enero de 2012

Mother Earth.

A su corta edad, ella ya vivía en una ninfomaníaca fantasía,
recuerdos bañados por el resplandor de una luz del presente,
no te deja ver con claridad el horizonte, sutilmente acaricia tu espalda, pretende tranquilizarte y tu inquieta suspiras y preguntas por qué, demasiadas preguntas se hace tu mente, es más de lo previsto lo que te preocupa, es casi tan frágil como un cristal, te cuesta ver lo que está bien y lo que no, te aferras en un cuerpo, ya ni tu alma te importa, causas más daño del que te hacen, sientes ira, destrozas tus sentimientos y los de los demás, te preguntas qué cruel criatura has nacido, mereces bendición, quieres ser libre, libre como el caballo que galopa veloz y con cautela se refugia en un establo al sonar las campanas de la iglesia cada sábado por la tarde, un duro recuerdo, un maldito pesar que conlleva muchos sacrificios, no obstante, todos somos humanos, merecemos ser tratados como tales, una princesa por muchas coronas que lleve, siempre será eso, humana.
No es más libre el que no tiene condiciones ni obligaciones, si no el que se las apaña para sobrevivir como puede.

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