Amor, esa sucia palabra que a todos se nos mete entre los huesos y nos cuesta respirar, esa palabra frágil e inocente que tanto daño nos puede hacer, ese sentimiento que quieras o no llevas contigo sin saber por qué, esa palabra tan sumamente importante para ti, esa frase que escuchas por todas partes, esa expresión de felicidad en tu rostro, esa caricia invisible en tus pómulos.
He estado enamorada tantas veces, tantas mentiras, tantos besos sin sabor, tantos suspiros malgastados, tantas sonrisas con truco, tantos mimos sin importancia, tantos gestos sin pronunciar palabra, son cosas que cada día que pasa arrastro más y más, más cantidad de porquería a mi vera.
De pequeña pensaba que era horrible y que nunca nadie me iba a querer, me gustaba el chico más guapo de la clase, de ricitos rubios y ojos verdes, una cocada de niño, yo era una niña de bucles castaños, ojos verdes, parche en un ojito, chiquitina, con gafas, y quieras o no, desde pequeños el aspecto lo es todo.
Al llegar los doce años, comenzó mi vida amorosa, de la cual mi prima mayor, se encargó de estropear, metiéndose en esa relación, mi primera relación.
Cuando cumplí los catorce, conocí, al cual hoy es el chico de mis sueños y mis pesadillas, le conocí por una amiga mía, me agregó a mi red social y comenzamos a charlar, quedamos para echar un billar con los amigos de ambos, empezó a llover y nos cobijamos en una plazoleta cercana al bar, me aproximé a darle dos besos y ahí me besó, supongo que los dos sentimos lo mismo, por lo que tres años después le confesó a una amiga mía, que aún me amaba.
Ese chico va a hacer un año con otra, y yo en silencio lo sufro, pero, ¿Qué le vamos a hacer? A algún idiota le tenía que tocar.
Me gustaría poder sentir esa felicidad al menos una vez más en la vida, pero es difícil sentir eso, como la primera vez, esos labios carnosos rozando mis sentidos.
Después surgieron más chicos, de los cuales sólo uno formalizó mi vida, Roberto, al cual había conocido en la infancia por casualidad, estuve tres meses maravillosos con él, pero soy demasiado "madura" para él, y quiere vivir su infancia y adolescencia sin problemas, lo asumí, hasta el punto de pedirle perdón por haber perturbado su nombre.
Actualmente, mi corazón le pertenece a un chico de Huesca, aunque todo el mundo me insinúe que está demasiado lejos, no pienso permitir que nadie se entrometa en mi vida, para eso es mía, si la cago, la cagué, y punto.
Le conozco ya de hace años, pero nunca pensé de ésta manera, cuando sonríe, sonrío, cuando está mal, mi sonrisa cae en picado, me empatizo con él, es todo lo que andaba buscando.
Ojalá supiera cuanto necesito su alma dentro de la mía, el cuerpo se va, pero eso reside en nosotros.
Sueño todas las noches con él, tiene unos ojos preciosos, y una sonrisa infinita, me gusta acariciarle las mejillas, sentarme a charlar con él, besarle cuando menos se lo espera, llevarle el café a la cama, tirarle una almohada mientras se lava los dientes, es un encanto.
Me encantaría pensar que esos sueños felices pudieran ser reales, pero es tan extraño, un segundo me quiere tal cual yo y al otro segundo soy una simple amiga en su lista.
Me gustaría comprenderle, pero no soy capaz, no me brinda la oportunidad de compartir sus inquietudes conmigo.
Hay cosas que uno no puede soportar, y si se las guarda él mismo es aún peor, pero todo se puede arreglar, y mis palabras de esperanza no son suficientes para apagar ese malestar que él siente, pero estaría dispuesta a cualquier cosa por el hecho de satisfacer su persona, es algo tan necesario para mi como el propio agua que mana del grifo de mi casa, es indescriptible, necesito saber a que huele, que mirada me echará la primera vez que me vea, necesito saber qué piensa.
Él no entiende que para mi tampoco es fácil, pero todo lo bueno se hace esperar, quiero gritarle a todo el mundo que es mi vida, y que no le olvidaré jamás, es lo que quiero.
Quiero hacerle veintiocho hijos y hacerle sudar, envejecer con él en un concierto de Judas Priest, amarle con toda mi fuerza hasta que dios se me lleve, acariciar su alma cuando en el cielo esté, regalarle esa batería que tanto quiere, hacerle volar, como el viento, hacer que se sienta vivo, el ángel que es, visitar museos, paisajes, continentes junto a él, causarle motivación para lo que se proponga.
Y así fue como la cabrita se enamoró del feo.

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