martes, 6 de diciembre de 2011

Once upon.

Me gusta escucharte respirar.
Sentir que puedo ver cosas más allá de los cristales de una ventana.
Mi vida es una cárcel, los garrotes son mis problemas, la llave es mi salida, y las voces que escucho a través de las paredes sólo pronuncian tu nombre.
Las puertas del infierno están abiertas para mi, dónde el miedo se esconde, y dónde las esperanzas no pueden pasar, sin embargo es un camino que me niego a recorrer.
Por encima de cualquier pero, estoy aquí para protegerte, de lo que sea que te preocupe.
A veces me pregunto de qué tienes miedo, qué podrías perder, cómo soy, si te haría daño, si podría funcionar, si olvidases a todas las demás mujeres que rondan tu cabeza.
Yo no te pido nada de eso, yo sólo quiero lo mejor para ti, y estoy asquerosamente enamorada, hasta el punto de llorar de emoción cuando me sonrojas, o me dices algo que he olvidado que soy.
Unas cuantas frases hacen de mi existencia completa, y tu con un simple gesto llenas el frasco de mis emociones.
No obstante quiero que quede claro que sigo siendo la misma de siempre, no he cambiado en absoluto, y dudo mucho que lo haga jamás, son demasiados años encontrandome y me siento bien como soy.
Bienvenido a la era de los sueños, las niñerías, los cafés con brownie, las sonrisas, las noches viendo películas de guerra, las tardes en el campo, los besos interminables, los abrazos sueltos, las caricias propias y las insinuaciones varias.
Bienvenido al planeta de los sueños.

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