Te habías dejado la chaqueta de cuero negra en casa, y rápidamente subiste las escaleras de mármol que ocupan el amplio espacio del portal de la casa de tus abuelos, bajaste tal cual antes y me hiciste una mueca, nos íbamos de viaje, era nuestro primer viaje.
me rodeaste con el brazo y me dijiste, espero que te guste, va a ser legendario amor, ya lo veras.
Me esperaba algo curioso de ti, sueles sorprenderme constantemente, es tu virtud, eres así.
Echaste a correr de nuevo, y me puse a gritarte en medio de la calle, parecías un gato callejero.
Encontraste un pequeño gato en una caja de cartón, era blanco con unas cuantas manchas naranjas, como el gato que mi abuela Palmira tenía cuando yo era pequeña.
Te pusiste a acariciarlo y él ronroneaba sin más, me lo diste para que lo cogiese y empezó a arañarme, al parecer no le caía muy bien que digamos, pero estaba enamoradito de ti.
Te preguntabas si sería macho o hembra y obviamente te pusiste a comprobarlo, de tu perfil destacaba una pequeña comisura que hizo que mi corazón desprendiera varios pum en un instante, qué guapo eras, me había enamorado más aún de aquel chico de ojos verdes y piel clarita.
El pequeño felino no dejaba de engancharse a tu camisa y estabas algo mosqueado, era tu preferida, pero como bebe que era lo comprendías y te reías sin más, qué escena más tierna.
Saqué la cámara en un momento de emotividad y me dispuse a inmortalizar el momento, sonreías como un estúpido mientras el viento se llevaba tu querido flequillo.
Echaba de menos la brisa de la ría de Avilés, hacía ya un tiempo que dejé aquello para instalarme contigo en un pequeño piso de los alrededores de un parque para mascotas, no era mi hogar ideal, pero te tenía a ti, ¿qué más podía pedir una joven novata?
Las converse se me desataron al pisar una baldosa mal colocada y te pedí un segundo para poder atarme, te pusiste a jugar con él y no me hacías caso, le dabas besitos en la nariz y jugabas con sus orejas mientras él pasaba su pequeño rabo por tu camisa.
Al ver las fotos del día, me fijé en que el gato llevaba una chapita colgada al cuello, ponía Muffin 23, y así le llamamos, Muffin.
La chapita traía una dirección, al parecer residía en una residencia para animales al norte de San Sebastián, no se me ocurría como pudo llegar una criatura de esas dimensiones a Huesca.
El pequeño Muffin estaba muerto de sed, entramos en un establecimiento cercano al banco donde prácticamente nos pasamos toda la tarde y le compraste un litro de leche, el pobre parecía que llevaba sin beber meses.
Me rodeaste con los brazos nuevamente y me susurraste que estaba celosa, yo obviamente lo negué, te reías y me decías que cómo ibas a preferir a un gatito antes que a mi, con estos papos que tengo, parezco una fresa.
Me dijiste algo cómo, ¿No querías tener hijos? pués toma jajaja, me resultó muy gracioso realmente, pero te miré exageradamente mal.
Ya era tarde y el vuelo salía en unas horas, decidimos dejarle el gato a un viejo amigo nuestro hasta que volviesemos, te ponía ojitos y te lo querías llevar, tuve que arrastrarte media manzana.
Me preguntaste si estaba preparada para el viaje de mi vida y entusiasmada te respondí lo más evidente que se puede decir en una ocasión así, estoy preparada.
Nunca había montado en avión antes, estaba aterradísima, no parabas de besarme, parecías una lapa, pero me gustaba, eras mi lapa.
Como siempre intentas quedarte conmigo me decías, dame un beso pussy, que me lo des, y yo para rabiarte te giraba la cara, insistías e insistías hasta que conseguiste rozar mis labios suavemente y sabes que contra eso no puedo luchar.
Llamaron por megafonía, era nuestro vuelo, nos dispusimos a cogerlo, paraste a comprar patatitas, qué raro en Dani.
El trayecto duró una hora y media, las cuales nos pasamos diciendo tonterías y besándonos, como dos estúpidos que no tienen otra cosa mejor que hacer.
Para bajar por la escalera del avión me cogiste la mano, me dijiste que no pasaría nada, que siempre has estado a mi lado y siempre lo ibas a estar, pase lo que pase.
Una azafata con la falda más corta que la vergüenza nos ofreció un café el cual te cobran por un ojo de la cara y te negaste rotundamente.
Llegamos al aeropuerto de Ranón, ¡al fin!
Tierra Asturiana después de meses sin sentir la vegetación en persona, cómo echaba de menos mi ciudad.
Como buena Asturiana que soy para desplazarme a cualquier parte desde Ranón tuvimos que coger el taxi, el cual es excesivamente caro, pero para una vez que venimos, no vamos a ser tan ratas.
Llegamos a la estación de Avilés, salimos por la parte de la derecha, te hacías pis, y subiste corriendo a orinar al baño, casi te confundes.
Paramos a tomar algo en el bar de mi tío, al cual hacía meses que no veía y se le hacía raro llamarte, te llamas igual que su hijo, pero le caías muy bien, le gustabas para mi.
Nos subieron a mi casa, dónde nos encontramos a mi padre en zapatillas echándole aceite a la moto, te golpeó la espalda y te preguntó que qué tal estabas, que hacía tiempo que no venías a visitarles, mi padre te quería mucho, eras el primer novio que le gustaba para mi.
Mamá te dio dos besos y te invitó a sentarte, cómo siempre llenó la mesa de entrantes como si viniera a comer una legión, el menú era mi preferido, tortilla de jamón serrano y de postre brownie de chocolate.
Mi padre bromeaba sobre cuando tendríamos hijos, quería tener nietos y tú le respondías que era muy pronto, acababas de entrar a trabajar en una empresa hacía menos de un año y querías estabilizarte.
Encontraba rara mi habitación sin tantas muñecas, sin mi maquillaje y mi ropa desperdigados por todos sitios, sólo había varias fotos con recuerdos y mi cama hecha, era triste, me había hecho mayor.
Pasamos la tarde con mis padres en Gijón, nos invitaron a tomar algo, es muy normal en ellos, contaban historias mientras yo les ignoraba profundamente y me adormilaba poco a poco, son demasiados años escuchando sus palabras agobiantes.
Mi padre se puso a hablar del barsa, eso ya te gusta más y le seguiste el rollo, parecíais hermanos, era muy triste.
Mamá me insinuó si habíamos hecho el amor y me puse roja como un tomate, no es tonta.
Era tarde y nos dirigimos a dar un paseo a la luna, me apetecía enseñarte aquellos lugares dónde yo solía refugiarme de la contaminación que sufre mi ciudad, el cielo estaba rosa prácticamente, qué bonito día hacía, nunca lo podré olvidar.
me cogiste de la mano y me dijiste, te quiero mucho Tania, puede que no todos los días te lo demuestre, pero es lo que siento y en el fondo sabes de lo que hablo.
Me creí tus palabras y sonreí como una quince añera enamorada.
Echabas de menos al gato, te preguntabas cómo estaría, es más, llamaste a casa de tu amigo y le mandaste que el gato se pusiera al teléfono, sólo se oían ronroneos.
Por la mañana preparé comida variada, iban a venir a comer Carlota, Estefi y sus respectivas parejas, sería un día en familia muy extraño.
Como cuando eramos niñas, Carlota y yo nos sumergimos en la ola más alta de la playa de Salinas, nunca en la vida había tragado tanta agua, qué asco.
Me tiré encima de ti toda la tarde, en tu toalla.
Nunca pensé que se podría enamorar alguien así y menos yo, que gran cosa precisamente no soy.
Tocaba regresar a casa, seguías echando de menos a aquel pequeño que un día te encontraste en la calle.
Nos acercamos hasta casa para dejar las maletas y fuimos a por él, te lo comías.
Decidiste ir a una clínica y ponerle un chip, desparasitarlo y comprarle colonia, eso fue una mera estupidez, le mimabas como a un bebé.
Poco a poco me fue queriendo y era como el pequeñín de nuestra casa, la verdad que era una cocada, cuando hacía frío en invierno solía meterse entre nuestros pies y nos hacía cosquillas, tenía frío.
Ahora me doy cuenta cómo podría ser mi vida si permanecieses en ella para siempre, nunca he creído en el destino ni en esas tonterías, creo en la teoría de aquí estoy y ya no estoy, quiero que aproveches mi tiempo, por muy lejos que estés, siempre te querré, y llegará el día que te aburras de tenerme encima, de que sueñe contigo y te haga caricias en la espalda, quizá es más pronto de lo que crees, mi mayor sueño sería arroparte cada una de las noches en las que mi cuello te apetezca besar, esas noches frías de invierno y esas cálidas noches sin poder dormir, nunca creí poder amar a alguien así, así de fuerte, eres todo cuanto tengo, todo cuanto podría desear, eres lo más importante que me ha pasado en mis diecisiete años de vida Daniel, nunca te vayas, te perseguiré.

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