Recuerda qué, estoy aquí, nadie te va a tocar nunca más, no permitiré que te pongan la mano encima, sujetaré tu mano cuando no puedas mantenerte en pie, te regalaré un pañuelo en el peor día de tu vida, te acompañaré al altar, sujetando las kilométricas arras que desprenda tu precioso vestido de seda, te haré reír como años llevo haciéndolo, cuando crezcamos y nos pasemos una tarde como no hace mucho lo hicimos viendo la cosa más dulce, recordaremos todo lo que hemos sido, lo que somos, y lo que nos falta por descubrir.
No pretendo ser la mejor amiga del mundo, soy una más en tu larga lista, juventud, divino tesoro.
Me hace daño pensar todo lo que eramos y lo que somos ahora, estamos solas, todas nuestras amigas, nuestras ex parejas, nuestras ilusiones, francamente, han sido en vano.
Me duele que te marches, y que en cuatro meses no te vuelva a ver, sin embargo, me reconforta saber que vas a estar ahí y no vas a cambiar, llevas años siendo la misma persona, es más, me siento muy orgullosa de ti, de la mujer que eres, la persona que te has hecho.
Sólo quiero decirte una vez más, que eres una de esas personas a las que considero parte de mi familia, y que si un día te pasa algo, si necesitas algún órgano para sobrevivir incluso, el banco de sangre Tania está abierto veinticuatro horas.
Si algún día, por un casual me sucede algo, me gustaría que me recordases por las cosas buenas, no me siento orgullosa de mi parte negra.
Eres la única persona de mi pasado oscuro, que quiero conservar intacta en el fondo de mi ser.
No es necesario decirte que ese día que yo me vaya al cielo, si notas una sensación de calor y te sientes confortada, seré yo quién esté ahí para arroparte.
Te propongo un trato, Matías Carús, prometo solemnemente, amarte y respetarte hasta que la muerte nos separe, por encima de todo, de cualquier pero, si me prometes que no volverás a llorar nunca más por algo que se pueda solucionar con un par de sonrisas.
Te aseguro que lo peor está por venir, pero recuerda pequeña, las buenas personas están por todas partes, las malvadas te persiguen, y todo lo que deseas se esfuma, como la calada de aquel cigarro que nunca conseguiste fumar del todo, el filtro inexistente.
Venga va, dame amor, que sexo no me falta.







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